Cuando el fútbol olvida el guion de la justicia

Goles: 1-0 Bolo (57); Pablo Glez. (77′); 2-1 Medina (92′).

Arbitraje: Rubén Suárez Iglesias; ayudado en bandas por: Fco. Javier Jurado Villarreal y Azeddine Touil Negrouda.

El fútbol, a veces, es un poema mal acabado, un verso que se rompe justo cuando empezaba a sonar a gloria. En Balazote, el Calvo Sotelo descubrió que el liderato no se pierde sólo por falta de fútbol, sino por esos caprichos del destino que se disfrazan de portero milagroso. Fue un 2-1 que duele en el alma de Puertollano, una derrota de esas que se quedan grabadas en la piel porque el equipo de Javi Sánchez se vació, pero sin embargo regresó de un viaje de vacío.

La tarde empezó con el respeto de quien se sabe observado por la historia. Los mineros tenían el control, mandando balones que buscaban a Rulo o a Silvio, pero el gol es un animal esquivo que no quería salir de su madriguera. Silvio, con ese hambre de quien sabe lo que se juega, soltó un latigazo desde fuera del área que lamió el larguero. Fue el primer «¡uy!» de una tarde que prometía ser de infarto.

El fútbol fue cruel antes del descanso. Sahuquillo, el faro, el hombre que porta el brazalete como quien custodia un tesoro, sintió el crujido de la injusticia. Se rompió al filo del descanso y sus lágrimas, que empaparon el césped de Balazote, no eran de dolor físico, eran el llanto de la impotencia, la pena de quien se sabe necesario ahora que las finales queman y los capitanes son el único refugio. Se marchó llorando porque el cuerpo le traicionaba justo cuando su equipo más necesitaba su voz y su mando.

Tras el descanso, el guion seguía escrito con la tinta del esfuerzo. Alvarito avisó, pero el fútbol es traicionero. Cuando mejor parecía estar el Calvo Sotelo, apareció Bolo para los locales. El 1-0 fue una bofetada injusta por el desarrollo del partido. De repente, el líder estaba con el marcador en contra bajo el sol de Albacete.

Y entonces, la fe. Pablo González, que siempre guarda un as en la manga, puso el 1-1 a falta de quince minutos. En ese momento, el Calvo Sotelo creyó. Se fue arriba con todo con el corazón por delante y creyendo en las posibilidades de un líder. El propio Pablo tuvo la gloria con un testarazo a bocajarro, la remontada, el liderato en solitario… pero apareció Tomy. El portero rival sacó una mano de esas que sólo existen en las pesadillas de los delanteros, una intervención milagrosa que cambió el rumbo del partido.

Del posible 1-2 se pasó, en la cruel lógica del contragolpe, al 2-1 definitivo de Alberto Medina. Un mazazo. La ansiedad por ganar,  castigó a un Calvo Sotelo que ahora comparte la cima con el Toledo. Quedan tres finales, tres estaciones  que aún puede terminar en gloria, pero en Balazote, el fútbol decidió que la épica tendría que esperar.

Sin embargo, esta derrota no apaga la luz, sólo cambia la forma de conquistar el cielo. El empate en Toledo ya no le sirve a nadie; ni a los mineros ni a los imperiales, porque el Tarancón se ha autoinvitado a la fiesta sin pedir permiso, convirtiendo el liderato en una apuesta de tres, donde cualquiera puede naufragar. El destino ha querido que ya no valgan las calculadoras, sólo la supervivencia. Se espera un duelo a muerte en El Salto del Caballo, pero antes San Clemente, Cazalegas y Guadalajara, rivales de los tres candidatos al título, también tendrán algo que decir.




Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo no será publicada.


*